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  • Agujero de ozono frena crecimiento de bosques australes

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[SANTIAGO] El agujero en la capa de ozono ha provocado indirectamente las tasas más bajas de crecimiento de los árboles de la Patagonia de los últimos 600 años y las más altas en Nueva Zelanda y Tasmania, Australia.

Así lo revela un estudio en la revista Nature Geoscience (28 de octubre), cuyos investigadores llegaron a esta conclusión tras analizar las variaciones en los anillos de 3.000 árboles, a partir del año 1409 hasta el 2000.

Encontraron que en la Patagonia los cipreses de la cordillera (Austrocedrus chilensis), las araucarias (Araucaria araucana) y los coihues de Magallanes (Nothofagus bethuloides) han crecido más lentamente desde 1950, lo que atribuyen a que ha llovido menos desde entonces.

Las lluvias han disminuido debido a que la reducción del ozono en la estratosfera ha alterado el comportamiento de la Oscilación Antártica del Hemisferio Sur (OAHS), que determina el clima en la zona austral del hemisferio.

El cambio sufrido por la OAHS ha desplazado más hacia el norte de los Andes Patagónicos los vientos que vienen cargados de humedad desde el Océano Pacífico.

En Nueva Zelanda y Tasmania esto ha traído períodos más secos, que favorecen el crecimiento de los bosques en sitios fríos y húmedos.

Según el estudio, las variaciones en la OAHS explican hasta 33 por ciento y 40 por ciento de la variación en el crecimiento de los árboles en Nueva Zelanda y América del Sur, respectivamente.

El crecimiento más lento de los árboles patagónicos tiene un impacto económico y social, señala Ricardo Villalba, investigador principal del estudio, quien trabaja en el Instituto Argentino de Novología, Glaciología y Ciencias Ambientales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

“En la Patagonia se usa la madera del ciprés de la cordillera para construir casas, muebles y artefactos de gran valor estético y artístico. La menor productividad de los bosques requerirá esperar más años para obtener el mismo volumen de madera”, explicó a SciDev.Net.

Añadió que la sobreexplotación de la araucaria provocó la prohibición de cortarla y llevó a su inclusión en la Convención sobre el Comercio Internacional de Flora y Fauna Silvestre en Peligro (CITES).

Villalba considera necesario “mantener la prohibición de la corta de la araucaria, monitorear el uso de la madera de ciprés de la cordillera y restablecer los niveles de ozono sobre el continente antártico para que las lluvias aumenten nuevamente”.

Carolina Vera, directora del Centro de Investigaciones del Mar y de la Atmósfera, Conicet-Universidad de Buenos Aires, dijo a SciDev.Net que “en el Hemisferio Sur, por sus vastas regiones oceánicas, la posibilidad de tener registros climáticos suficientemente largos es limitada”.

Por eso, destacó que el estudio contribuye a entender mejor las variaciones climáticas y su impacto a través de la información sacada de los anillos de los árboles.

Enlace al estudio completo en Nature Geoscience

Referencias

Nature Geoscience 5, 793–798 (2012) doi:10.1038/ngeo1613

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