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  • Respuesta a hambruna exige mejor comunicación científica

La sequía en el Cuerno de África muestra la brecha entre nuestra habilidad para predecir desastres y realizar una acción humanitaria eficaz.

A comienzos de esta semana, la ONU declaró que la sequía al sur de Somalia había empeorado a tal punto que podría ser declarada oficialmente como hambruna, una palabra que se aplica a esta región por primera vez en casi 20 años.

La noticia no sorprendió a las agencias que habían estado monitoreando la falta de lluvias durante el año pasado, que en parte es atribuida al evento de La Niña en el Océano Pacífico. Se había pronosticado que era altamente probable que ocurriese una escasez generalizada de alimentos

A pesar de tales advertencias, y de los esfuerzos de las agencias internacionales, como la UNICEF, para tomar acciones preventivas, la respuesta humanitaria en general ha sido hasta ahora muy inadecuada, e incapaz de evitar un mayor deterioro en las condiciones de vida de la región.

La situación pone de relieve la brecha entre nuestra capacidad cada vez mayor de predecir desastres, en gran medida gracias a los progresos de la ciencia y la tecnología, y nuestra habilidad para generar la voluntad política para llevar a cabo estrategias eficaces de mitigación.

Un obstáculo importante es que los políticos se sienten incómodos al tener que tomar decisiones cuando la ciencia es incierta. Por lo tanto, la manera como investigadores y periodistas comunican la evidencia científica puede hacer una gran diferencia.

Los científicos necesitan con urgencia mejorar sus técnicas de comunicación para asegurar que se alerte a los políticos con evidencia confiable sobre un desastre humanitario inminente. Esto debe incluir formas de tranquilizar a los diseñadores de políticas para que cuando las predicciones no se cumplan, no se les reprenda por tomar acciones innecesarias (y potencialmente costosas).

Y los periodistas también necesitan comprometer mucho mejor a los políticos cuando informan sobre los aspectos científicos de los desastres, con el fin de ayudar a asegurar que se tomen medidas oportunas.

Satélites mejoran la predicción

La buena noticia es que la tecnología moderna, y en particular el uso generalizado de satélites de teledetección, nos dan la posibilidad de predecir desastres con más precisión que nunca.

Es cierto que hay camino por recorrer antes de que muchos gobiernos africanos, salvo notables excepciones —como Nigeria y Sudáfrica— se convenzan de la necesidad de realizar sustanciales inversiones en esta tecnología

Sin embargo, este fracaso está más que compensado con los compromisos de las organizaciones de los países desarrollados y en desarrollo. De hecho, nuestra capacidad para predecir desastres es uno de los principales beneficios sociales de la inversión en tecnología espacial de los pasados 50 años.

La predicción del tiempo no es el único progreso, también se ha hecho lo propio en la predicción de erupciones de volcanes, inundaciones y terremotos y tsunamis relacionados. En cada caso, el monitoreo tiene ahora la capacidad de salvar miles de vidas.

Oportunidades perdidas

Con demasiada frecuencia, sin embargo, los conocimientos técnicos avanzados superan la capacidad de la comunidad humanitaria de hacer pleno uso de la información que generan todas estas tecnologías, conduciendo inevitablemente a la pérdida de oportunidades.

Como dijo la semana pasada a SciDev.Net Chris Funk, climatólogo de la Red de Sistemas de Alerta Temprana de Hambruna, financiada por USAID (FEWS NET por sus siglas en inglés), los expertos de la organización se sintieron frustrados porque sus advertencias tempranas sobre la sequía en Somalia pasaron prácticamente inadvertidas

No se ha hecho lo suficiente para garantizar que la información sirva para un buen uso: “La tecnología ha superado a los sistemas de respuesta”, afirmó Funk.

Pero el problema no es simplemente de comunicación. Por ejemplo, las alertas de seguridad alimentaria de FEWS NET, artículos informativos de una sola página, son un modelo de información precisa y autorizada, dirigida a los tomadores de decisión.

Por el contrario, los desafíos consisten en conseguir que este tipo de información llegue a los tomadores de decisión y que desarrollen mecanismos de respuesta oportunos y eficaces.

Llegar a los formuladores de políticas

Ya se está realizando considerable investigación acerca de las maneras en las que los diseñadores de políticas asimilan y usan la evidencia científica en el proceso de toma de decisiones. [1] Pero es obvio que aún queda mucho por hacer, especialmente cuando esa evidencia es incierta (como en el caso de modelos computacionales).

En particular, necesitamos enfocarnos en la forma como el proceso político maneja los datos estadísticos, debido a que rara vez son definitivos y con frecuencia pueden ser interpretados de diversas maneras.

Por ejemplo, el público de los países con posibilidades de ser afectados puede ser motivado a aceptar que el costo de la inacción (como no tomar medidas para mitigar los impactos de una sequía pronosticada) podría superar con creces los costos de tomar medidas que posteriormente prueben haber sido innecesarias. Pero el hecho de que los costos pueden recaer sobre diferentes poblaciones complica aún más las cosas.

También se requiere más investigación sobre las formas más eficaces de vincular las señales de advertencia con las recomendaciones de acción. Con frecuencia los diseñadores de políticas suelen acudir a los científicos para pedir orientación cuando se enfrentan a evidencias inciertas, y la comunidad científica tiene la responsabilidad de analizar y diseñar las opciones —y sus implicancias— aunque la decisión final debe recaer en manos de los políticos.

Los periodistas cumplen un papel fundamental en todos estos procesos. Una de sus tareas es dar la voz de alarma a los diseñadores de políticas y al público sobre desastres inminentes, siempre y cuando se realice de manera responsable y con base en pruebas.

Otra tarea es averiguar entre los científicos y otras partes involucradas cuáles son las opciones políticas y garantizar que los políticos sean conscientes de ellas. Los periodistas también están en una buena posición para monitorear si los políticos están tomando medidas y para poner en evidencia a quienes no lo hacen.

Cada una de estas tareas exige ser consciente de que se está informando con base en evidencias que podrían carecer de certeza. La falta de información responsable o de una comunicación efectiva sobre desastres inminentes, podría traducirse en una falta de acción de mitigación por parte de los políticos, con consecuencias potencialmente devastadoras.

David Dickson
Editor, SciDev.Net

Referencias

Political science? Strengthening science–policy dialogue in developing countries. Overseas Development Institute (2008)