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  • Negociaciones sobre el clima: aún falta un largo trecho

Los pequeños logros alcanzados en las negociaciones sobre clima en México no deben hacernos creer que está todo resuelto.

Desde el gran fracaso de las negociaciones sobre el clima en Copenhague, las expectativas para la reunión de este año en Cancún habían sido bajas.

En Copenhague, el fracaso fue provocado en parte por la incapacidad para cerrar la brecha entre las demandas del mundo en desarrollo y las concesiones ofrecidas por el mundo desarrollado. El proceso de negociación en sí mismo sufrió los daños más grandes. Las diferencias políticas y las enconadas diferencias resultantes llevaron a algunos a concluir que el cambio climático es un tema demasiado complejo para una entidad multilateral como las Naciones Unidas, y a sostener que se necesitan negociaciones mejor enfocadas, incluidas las bilaterales.

La reunión de Cancún, que culminó la semana pasada, comprobó que los escépticos estaban equivocados. Al adoptar metas más modestas que las discutidas en Copenhague, la comunidad internacional ha llegado a un conjunto de acuerdos que, al menos, restauraron la confianza en el proceso de negociación.

Pero incluso los organizadores de la reunión de las Naciones Unidas están de acuerdo en que este paquete está muy lejos de lo que se necesita para prevenir las catastróficas consecuencias previstas como consecuencia de un aumento de la temperatura media global en más de dos grados centígrados. Esta tarea es ahora más necesaria que nunca, y ahora se le ha dejado bajo la responsabilidad de la reunión del próximo año, que tendrá lugar en Durban, Sudáfrica.

Pequeñas ganancias

En Cancún se han hecho algunos progresos que, sin embargo, son modestos. El principal, fue un acuerdo sobre cómo se podrían distribuir los US$100 mil millones de un Fondo Verde, ya aceptado en principio en Copenhague, para ayudar a los países en desarrollo a prepararse para el impacto del calentamiento global, un movimiento particularmente acogido por los delegados de los estados insulares y los países menos desarrollados.

Hubo acuerdo sobre un proceso destinado a prevenir una mayor deforestación y aprovechar el valor de los bosques como sumideros de carbono. Conocido por sus siglas REDD (Reducción de Emisiones de la Deforestación y Degradación de los Bosques), el esquema debería dar derecho a una compensación a los países en desarrollo por la preservación de los bosques existentes y la restauración de áreas ya degradadas.

Esta reunión también hizo progresos sustanciales en el monitoreo de las emisiones de carbono. Los países aprobaron estándares internacionales y técnicas de medición que dificultarán a los países receptores del apoyo de las naciones ricas realizar estadísticas ‘engañosas’ de las emisiones. El acuerdo satisfizo tanto a China como a los Estados Unidos.

Y la reunión logró consenso sobre cómo estimular la cooperación internacional al desarrollo y difusión de tecnologías de baja emisión de carbono. Esto permitirá empezar la transferencia de tecnología, aunque los países en desarrollo fallaron en asegurarse el libre acceso a todas las tecnologías de baja emisión de carbono, una de las concesiones que algunos esperaban lograr.

Una montaña aún por escalar 

Pero todavía queda mucho por hacer. Por ejemplo, no hubo acuerdo sobre cómo aumentar los US$100 mil millones necesarios para el Fondo Verde hasta la fecha prevista de 2020, dejando a muchos con un gran escepticismo acerca de si se podrá alcanzar esa meta. Se espera que gran parte del dinero provenga del sector privado.

Asimismo, se cierne una gran incertidumbre sobre la condición jurídica de los compromisos de Cancún, que son voluntarios: el precio pagado para alcanzar el consenso. A menos que los argumentos puedan convertirse en requisitos jurídicamente vinculantes, hay una preocupación genuina de que muchos países solo pagarán, pero con una falta total de convicción.

Pero la mayor incertidumbre es sobre el futuro del Protocolo de Kyoto. En este acuerdo marco, alcanzado en 1997, 37 países se comprometieron a reducir en un cinco por ciento las emisiones de gas de efecto invernadero y otros gases relacionados entre 1990 y el próximo año, cuando el protocolo llega a su fin.

Mientras muchos países en desarrollo quieren que el protocolo se extienda, buena parte de los países desarrollados demandan un nuevo acuerdo en el que el mundo en desarrollo adquiera un compromiso similar.

Marco de trabajo pero nada concreto 

En vista de tales limitaciones, podría ser errado decir que la reunión de México fue un éxito. Los ‘Acuerdos de Cancún’ proporcionan un marco de trabajo sustancial para futuros progresos, pero queda una lista de compromisos deseados e insuficientes en torno a ellos.

Ninguno fue más crítico que Bolivia, que a inicios de este año celebró su propia ‘cumbre social’ sobre cambio climático. La delegación boliviana recordó a los participantes que los acuerdos eran insuficientes para evitar las amenazas a los pobres del mundo en desarrollo que podrían ser “desastrosas para la humanidad”.

Al final, las opiniones de Bolivia fueron marginadas en la prisa por alcanzar el consenso. Pero eso no las invalida. A menos que las naciones ricas —y en particular los Estados Unidos— estén preparados para hacer concesiones importantes en Durban el próximo año, es poco probable que mejoren las perspectivas para el mundo en desarrollo.

Al evitar el colapso de la reunión de Cancún, lo que algunos temían, las perspectivas para alcanzar el consenso sobre la forma de avanzar serán aún más débiles. Al final del día, esa perspectiva fue suficiente para mantener intacto el proceso de negociación. Pero los frutos de esas negociaciones permanecen tan distantes como siempre.

David Dickson
Director, SciDev.Net



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