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  • Biocombustible: ¿nueva oportunidad de colaboración científica?

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El interés por el programa de etanol del Brasil debería ser usado para construir colaboraciones más justas entre los países en desarrollo y los desarrollados.

Brasil empezó a producir etanol a partir de la caña de azúcar después de la primera crisis del petróleo entre 1973 y 1974, buscando reducir la dependencia del país de las importaciones del crudo. Actualmente produce 15 de los 25 billones de litros de etanol usados en todo el mundo para la producción de energía.

También ha desarrollado un programa de investigación de largo plazo sobre el etanol de la caña de azúcar, el cual ha generado un mercado nacional de automóviles movidos a base de etanol e innovaciones locales como los vehículos flex-fuel, que funcionan tanto con gasolina como con etanol, o una mezcla de ambos, proporcionando a los conductores la posibilidad de elegir el combustible más económico.

El énfasis dado a la producción de etanol a partir de la caña de azúcar le ofrece al país una ventaja competitiva en esta tecnología. En Brasil, la producción de etanol es dos veces más barata que en Estados Unidos — donde se utiliza fundamentalmente maíz — y tres veces más barata que la producción europea a base de remolacha.

El biocombustible en la mira

Las crecientes discusiones sobre los  impactos del cambio climático centran la atención mundial en la posibilidad de reemplazar los combustibles fósiles por biocombustibles. En todo el mundo, los investigadores ya realizan pruebas con una serie de bioproductos, tales como soja, aceite de palma y algas, por su potencial como fuentes de biocombustibles.

En Brasil, el secretario del medio ambiente de San Pablo, José Goldemberg, alega que el programa de biocombustible brasileño ayuda a reducir las emisiones de gas invernadero y sugiere que, en el futuro, sea utilizado en otros lugares como modelo de energía sostenible (ver Biofuels: countries advised to follow Brazilian lead).

Por eso, no sorprende que el programa brasileño de etanol esté en el centro de atención internacional.

Particularmente, el presidente de Estados Unidos, George Bush, ha demostrado interés en conocer el modelo brasileño, siendo éste un punto clave de discusión en su reciente visita a América Latina (ver Acuerdos sobre etanol entre EE.UU. y Brasil).

A pesar de la promesa de colaboración entre los dos países, hasta el momento, no hay nada concreto como resultado de la reunión de Brasil o del encuentro realizado el 31 de marzo — decepcionando a los fabricantes, productores y representantes gubernamentales brasileños que esperaban una reducción de las tasas aduaneras que Estados Unidos aplica al etanol brasileño.

Tampoco se ha logrado un sólido avance en la creación de un programa de investigación conjunto entre científicos del mundo desarrollado y en desarrollo.

Espacio para colaboración

Todavía hay esperanzas de que las negociaciones posibilitarán un programa científico de colaboración entre los dos países.

Durante los próximos cinco años, Estados Unidos invertirá en la investigación sobre la producción de etanol cerca de US$ 1,6 billones — un valor casi equivalente al presupuesto anual de Brasil de ciencia y tecnología, de US$ 2 billones.

El interés en la investigación brasileña sobre el etanol podría representar una oportunidad para que cambie el balance entre las asociaciones Norte-Sur, haciendo que las contribuciones científicas de los países en desarrollo sean internacionalmente reconocidas como de alto nivel, lo que resultaría en colaboraciones más equilibradas, y  beneficiaría a todas las partes.

Alianzas internacionales

Como señaló el presidente brasileño Lula da Silva, un mayor interés en el etanol también generaría una alianza estratégica para que el mundo cambie el equilibrio de las fuentes de energía.

Brasil ya transfiere la tecnología del etanol a otros países en desarrollo. En marzo, el país firmó un acuerdo con Indonesia para proveer apoyo técnico con el fin de producir etanol a partir de la caña de azúcar.

Más cerca de Brasil, México anunció que, a través de incentivos fiscales, estimulará a los productores brasileños para que comercialicen el etanol en su país.

En realidad, un aspecto clave de las negociaciones entre Brasil y Estados Unidos es el compromiso de diseminar la tecnología del etanol en América Central y el Caribe, aunque no está claro por qué para los Estados Unidos es necesario ese compromiso y de qué manera ese acuerdo beneficiaría a Brasil.

Estados Unidos podría ser acusado de hacer una maniobra política — fortaleciendo su relación con Brasil sólo para que no promueva potenciales alianzas latinoamericanas sobre biocombustibles, tales como el reciente acuerdo hecho por Cuba y Venezuela para aumentar el uso de fuentes de energía alternativas (ver Cuba and Venezuela strengthen their alliance).

Etanol, una mercancía

Brasil necesita asegurarse de que los futuros acuerdos de diseminación tecnológica del etanol beneficiarán al país, tanto económica como científicamente. Los programas de colaboración les permitirían a los científicos brasileños mantener la ventaja competitiva en la tecnología del etanol o asociar su trabajo a otras áreas científicas, incentivando el perfil investigativo del país.

Parece que el etanol se afirmará como una mercancía importante durante el próximo siglo. Brasil cuenta con la tecnología más avanzada del mundo para producirlo y usarlo como biocombustible. El país debe aprovechar su posición privilegiada en las próximas rondas de negociaciones con Estados Unidos para establecer un nuevo programa de colaboración científica basado en un intercambio más equitativo entre las partes.

Luisa Massarani
Coordinadora de América Latina y Caribe, SciDev.Net

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