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  • Aumento de transgénicos no supone amplia aceptación

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Un informe presentado por el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-biotecnológicas (ISAAA, por sus siglas en inglés) en marzo de 2010 pinta un panorama color de rosa de pequeños agricultores que adoptan —y se benefician— de la tecnología de modificación genética a un ritmo rápido (Ver Prosperan OGM en el mundo en desarrollo, según informe).

Pero recientes investigaciones realizadas en China demuestran que los extensos cultivos de algodón transgénico han causado el resurgimiento de plagas (Ver Asocian algodón Bt con proliferación de plaga agrícola)

Nuestra experiencia en Brasil y Argentina — países que se encuentran entre los principales productores mundiales de cultivos transgénicos— indica así mismo que el crecimiento en la producción de cultivos genéticamente modificados (GM) no ha garantizado ni la aceptación social a gran escala de la tecnología ni los beneficios para los pequeños agricultores.

El primer entusiasmo

Es cierto que cuando, a finales de la década de los noventa, la empresa internacional de agronegocios Monsanto presentó a Argentina la soja Roundup Ready (un cultivo diseñado para tolerar el herbicida glifosato), los políticos y muchos agricultores comerciales recibieron la novedad con los brazos abiertos.

Muy pronto, las corporaciones multinacionales y las asociaciones de agricultores comenzaron una intensa campaña de promoción de los cultivos transgénicos, para que el país se viera a sí mismo como el principal productor de cereales.

Sólo una oficina del gobierno era la encargada de los cultivos transgénicos, lo que ayudó a asegurar que el sistema legal no pondría obstáculos. De hecho, el tema de los alimentos GM nunca fue realmente puesto a debate público.

La soja transgénica de Monsanto llegó a Argentina cuando el país entraba en una gran crisis económica, y los ingresos agrarios se necesitaban con urgencia.

Coincidieron otros factores económicos favorables. Monsanto no tenía un monopolio sobre la tecnología, porque no podía patentar su soja Roundup Ready en Argentina. Además, el glifosato ya no estaba bajo patente; la maquinaria era fácilmente accesible por contrato, y los cultivos GM necesitaban menos labor de campo en comparación con la soja no GM.

Quizás lo más importante, la soja GM fue muy rentable, especialmente cuando se combinaba con prácticas de siembra directa y con un aumento en el uso de agroquímicos. Todos estos factores contribuyeron a la rápida penetración de soja GM en la agricultura argentina.

Sin embargo, nuestras entrevistas y grupos focales con alrededor de 50 pequeños agricultores argentinos en 2007 revelaron preocupación por los cambios sociales que causa el cambio a la soja GM. Para muchos de ellos los beneficios de los GM no provinieron de cosechar los cultivos, sino de alquilar sus tierras a agricultores comerciales para la producción a gran escala.

Esto amenaza la sostenibilidad, porque aumenta la dependencia de los pequeños agricultores frente a terceros respecto de sus ingresos, y también puede significar pérdidas tanto en las habilidades agrícolas como en la fertilidad de la tierra.

La batalla por Brasil

En Brasil, la oposición a los cultivos GM ha sido mucho más abierta, pues la iniciativa de Monsanto para introducir la soja Roundup Ready ha provocado controversias y disputas legales desde hace casi una década.

Ya en 1998, el Partido de los Trabajadores (PT) —el principal partido de oposición del momento— adoptó una postura anti-transgénicos. También lo hicieron algunos gobiernos estatales, por ejemplo, en Río Grande do Sul y Paraná, ideológicamente opuestos a los cultivos transgénicos, que incluso implementaron legislación local para prohibirlos.

Los grupos ambientalistas y movimientos sociales, como Greenpeace y el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, también tomaron posiciones anti-GM y fueron mucho más activos y abiertos en hacer campaña contra los cultivos transgénicos que sus homólogos argentinos.

Y si las divisiones políticas han caracterizado el debate sobre los transgénicos en Brasil, también lo han sido las divisiones dentro de la comunidad científica.

En general la comunidad ha apoyado la investigación sobre cultivos modificados genéticamente. La Academia Brasilera de Ciencias también apoyó su cultivo. Pero varios científicos destacados, incluido Glaci Zancan, presidente de la Asociación Brasilera para el Progreso de la Ciencia, se opusieron a los cultivos GM comerciales en ausencia de estudios a largo plazo sobre el impacto en la salud y en el ambiente.

Superar la oposición

A pesar de la controversia y la crítica, los cultivos GM se han expandido rápidamente en Brasil, incluso antes de que fueran aprobados legalmente en 2005. Nuestros grupos focales y entrevistas individuales con cerca de 80 accionistas brasileños y unos 200 pequeños agricultores revelan muchas razones de este crecimiento.

Entre ellas, el uso de semillas transgénicas no autorizadas, ilegalmente traídas de Argentina; la curiosidad por probar nuevas semillas, las presiones para mantener la cosecha tan económicamente productiva como sea posible, y el hecho de que, en algunas regiones, las semillas convencionales de soja son cada vez más difícil encontrar.

Pero más importante que estos factores han sido las tácticas inteligentes empleadas por el cabildeo pro-GM, que incluso incluye —según algunos de nuestros entrevistados— repartir gratis las semillas genéticamente modificadas.

El movimiento más significativo fue la táctica que logró que la soja transgénica fuera legalizada en 2005. El cabildeo pro-GM consiguió que el tema de la investigación con células madre se incluyera en el mismo proyecto de ley de la soja GM —la ley de bioseguridad. Este movimiento aprovechó el gran apoyo por parte de los políticos, los científicos y el público respecto a la investigación con células madre.

La estrategia funcionó —el proyecto de ley fue aprobado por el Parlamento por 352 votos a favor y 60 en contra, y oficialmente permitió la producción y venta de soja transgénica en Brasil.

Pero el debate está lejos de terminar. Todavía hay fuertes tensiones en torno a los GM en el gobierno, y los pequeños agricultores aún no están convencidos. Nuestro estudio, apoyado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC por sus siglas en inglés) revela una fuerte demanda de información objetiva sobre los cultivos transgénicos y tres encuestas nacionales también encontraron una falta de aceptación de los cultivos transgénicos, incluso entre los agricultores que cultivan soja transgénica. De hecho, un refrán común entre los entrevistados fue "Estoy feliz de cultivarla, pero no la comería”.

En América Latina, como en muchas de las regiones en desarrollo del mundo, el debate por los GM es ‘complejo’. 

Existe el peligro de interpretar un simple aumento de los cultivos transgénicos como una señal de que los países están completamente a favor de la tecnología, o que la aceptación y beneficios están muy extendidos.

Luisa Massarani es coordinadora de SciDev.Net para América Latina y el Caribe e investigadora del Museo de la Vida, Casa de Oswaldo Cruz, Fiocruz, Brasil.

Ildeu Moreira de Castro es profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil.

Ana María Vara es investigadora de la Universidad Nacional de San Martín, Argentina.

* Los autores agradecen a Carla Almeida y Fabio Gouveia por sus contribuciones tanto en este artículo como en el proyecto de investigación que hace referencia.

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