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  • ¿Podrán los cultivos transgénicos alimentar a los pobres?

Se suponía que los transgénicos salvarían a mil millones de desnutridos del mundo. Carol Campbell analiza si algún día frenarán el hambre.

[OUDTSHOORN] El arroz dorado irrumpió en el imaginario social hace una década, a través de un artículo de portada de la revista Time en el que se sostenía que el arroz modificado genéticamente podría "salvar la vida de un millón de niños al año".

Este arroz adquiere su tonalidad dorada debido al exceso de beta-caroteno, un precursor de la vitamina A que podría evitar la ceguera de medio millón de niños cada año por deficiencia de esta vitamina, o incluso su muerte.

Pero diez años más tarde, el arroz dorado aún no ha curado la ceguera y algunos creen que nunca lo hará.

La sociedad contra los transgénicos

Ingo Potrykus, uno de sus inventores, lo adjudica a la resistencia a la tecnología transgénica por parte de grupos como Greenpeace, que ha influido en la reticencia pública y gubernamental ante el temor de que los genes obtenidos por ingeniería genética contaminen variedades silvestres o de que la tecnología transgénica juegue en favor de los intereses de empresarios y nunca beneficie a los pobres.

Esta reacción ha dado lugar a reglamentaciones "desmedidas" que han obstaculizado los esfuerzos por difundir cultivos transgénicos que podrían alimentar a los pobres, señala Potrykus.

También existen otros motivos de preocupación: el costo, el lento avance de la investigación, incluso la idea de que el enfoque de la “bala mágica” contra el hambre pueda aportar la respuesta a lo que, según algunos, constituye un problema económico, social y cultural.

Los países en desarrollo han sido cautos con los cultivos transgénicos.

Flickr/Joe Athialy

¿Pero acaso esto significa que todos los alimentos transgénicos están condenados a fracasar en la lucha contra la desnutrición? Si la resistencia social cede, ¿podrán los cultivos cumplir la promesa de alimentar a los desnutridos del mundo que, según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), sumaban mil millones en 2009?

Rowan Sage, uno de los científicos que trabajan en la creación del 'arroz C4' —otro arroz modificado genéticamente que algún día podría producir una mejora radical en los rendimientos— señala que para que la desnutrición se pueda abordar con transgénicos es clave obtener la aprobación de la sociedad. Los obstáculos son enormes, afirma Sage, y la aceptación es "esencial" para el éxito del arroz C4.

"Debemos conseguir la aprobación porque ellos [los pobres que pasan hambre] podrían negarse fácilmente," dice Sage, biólogo evolucionista y ecólogo de la Universidad de Toronto (Canadá), quien trabaja en el proyecto dentro del Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI) con sede en Filipinas.

Guillaume Gruere, investigador del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), piensa que el hecho de que los pobres no dispongan de cultivos alimentarios transgénicos desarrollados por el sector público en última instancia se puede atribuir a la resistencia.

La mayor parte de los obstáculos en los países en desarrollo "se han generado en buena medida por la influencia de países y organizaciones que se oponen al uso de alimentos transgénicos," manifiesta Gruere.

Algunos de los impulsores de los transgénicos son pesimistas en cuanto a la posibilidad de que estas cuestiones se resuelvan pronto. Por ejemplo, HarvestPlus, un programa mundial dirigido a crear cultivos básicos más nutritivos, evita casi por completo la tecnología transgénica y en su lugar emplea el mejoramiento genético convencional.

Sin embargo, muchos creen que la resistencia acabará cediendo.

Robert Ziegler, director general de IRRI, afirma que los detractores de los transgénicos desde luego no podrán detener la tecnología eternamente.

"Por lo general el problema de muchos países en desarrollo es la falta de un marco normativo que los regule [los cultivos transgénicos],” afirmaba Ziegler en una reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés) celebrada en Chicago el año pasado (2009).

"Hay presiones bastante fuertes, en especial procedentes de Europa, para que no se utilicen en África Subsahariana. Creo que a medida que surjan cultivos que beneficien de forma directa a los consumidores, terminarán aceptándose."

Incluso el arroz dorado está mejorando, dice. Se están realizando ensayos de campo en Filipinas y los primeros lotes podrían estar listos para su comercialización en 2011 ó 2012.

Una dieta equilibrada

Pero aunque la oposición se esfume, quedan otros motivos que pueden hacer fracasar a los cultivos transgénicos en su intento por resolver el problema de la desnutrición: ¿el hecho de abordar una deficiencia nutricional particular daría resultados, a pesar de que la lucha involucra tantos nutrientes?

Según Doug Gurian-Sherman, investigador principal del Programa de Alimentos y Medio Ambiente de la Unión de Científicos Preocupados de Estados Unidos, la introducción de cultivos modificados genéticamente en el entorno de un país en desarrollo constituye un enfoque poco sistemático.

"Una manera más eficaz de abordar la carencia nutricional en una comunidad empobrecida sería ayudar a que las personas tengan una dieta equilibrada que incluya verduras de hoja verde y proteínas, en lugar de compactar todo en la mandioca o el arroz," explica Gurian-Sherman.

Las personas que presentan una carencia nutricional suelen tener también otras que no podrán ser abordadas con este enfoque basado en un solo nutriente, plantea. "No me opongo al arroz dorado, si funciona y se demuestra que es inocuo. ¿Pero constituye una manera eficaz de usar los recursos para el desarrollo?"

Emplear los transgénicos para abordar una variedad de carencias en un solo producto es el objetivo del proyecto BioCasavaPlus, que busca incorporar prácticamente una comida completa en la mandioca, cultivo básico para 250 millones de personas en África Subsahariana.

Transformar la mandioca en una comida nutritiva

 

La mandioca es un cultivo básico para 250 millones de personas en África Subsahariana, pero su vida útil es corta, está azotada por las plagas y es poco nutritiva.

Flickr/shanidov

 

La mandioca transgénica se modifica genéticamente con el objetivo de que sea más nutritiva en varios aspectos, se incremente su vida útil y su resistencia a las enfermedades y se reduzcan sus niveles de cianuro. Versiones anteriores de la planta, con una o dos características añadidas, se someten a ensayos en Nigeria y Puerto Rico, y están por probarse en Kenia.

La iniciativa se encuentra bajo la supervisión de Richard Sayre, del Centro de Ciencias de las Plantas Donald Danforth de Estados Unidos.

Sayre rechaza el argumento de Gurian-Sherman: "Sabemos que nuestra mandioca puede ayudar a la gente," dice. "Según las primeras estimaciones, durante el primer ciclo productivo se salvarán 35.000 vidas en Nigeria. El impacto a largo plazo se cuenta en millones de vidas."

Son afirmaciones tentadoras, pero cabe preguntarse por el costo, dado que la reserva mundial de recursos para financiar la nutrición es limitada.

Gurian-Sherman dice que los costos son tan altos que los esfuerzos deben destinarse a otros caminos. La producción de un cultivo biotecnológico nuevo —afirma— podría costar hasta US$100 millones (sin contar los gastos de reglamentación), mientras que el mismo producto mejorado mediante técnicas tradicionales costaría US$1 millón.

En el caso del arroz C4, los costos de desarrollo son elevados, señala Sage. "Es una tarea sumamente costosa," indicó en la reunión de la AAAS. "Para crearse un programa sostenido se necesitan US$10 millones anuales."

Sin embargo, aclara que "es económica en comparación con los beneficios." El arroz C4 incrementa los rendimientos en un cincuenta por ciento, lo que supone ganancias de billones de dólares.

Para comprender los beneficios, el proyecto del C4 debe pensarse entonces a largo plazo. Tardará dos o tres décadas en dar frutos, pero podría resolver los retos alimentarios del año 2050, añade.

De modo que quizá hacia 2050, una vez establecida la normativa sobre bioseguridad, vencida la resistencia a los transgénicos ante el creciente problema del hambre en el mundo y con soluciones integradoras que resuelvan un cúmulo de carencias mediante una sola planta, ¿podrían los transgénicos resolver el problema de la desnutrición?

Transgénicos, ¿solución simplista?

Pero aún queda otra objeción importante: el problema de la nutrición deficiente es tan complejo que sería demasiado simplista pensar que se puede resolver a través de los transgénicos.

Los pobres no tienen acceso a una alimentación satisfactoria por una serie de razones, como la infraestructura (por ejemplo, mal estado de los caminos por donde deberían circular las mercancías para su comercialización), la falta de fertilizantes, o la falta de formación en técnicas agrícolas, entre otras.

 

Los agricultores de países en desarrollo afrontan muchas presiones en la producción.

Flickr/JP-Flanigan

 

Además, el aumento de los monocultivos ha empobrecido la variedad de la dieta. La tierra se distribuye de manera ineficaz o injusta y los pobres se ven obligados a desplazarse hacia suelos improductivos, lo que exige una reforma jurídica que luego se lleve a la práctica. Introducir un gen en un tomate no va a resolver estos problemas, se alega.

Andrea Roberto Sonnino, oficial de investigación agrícola de la Unidad de Investigación y Extensión de la FAO en Italia, señala: "Los transgénicos pueden contribuir a mejorar la nutrición, pero debemos tener en cuenta que ésta depende de una gran cantidad de factores sociales, culturales, económicos y políticos."

Para mejorar la nutrición de los pobres, no se puede limitar la acción a la optimización de la calidad nutricional de un cultivo en particular, continúa Sonnino. Bonnie McClafferty, directora de desarrollo y comunicaciones de HarvestPlus coincide con él.

"La envergadura y complejidad del problema exige que pongamos a disposición [numerosas] soluciones, como diversificar la dieta, fortalecer la comercialización de los alimentos, administrar suplementos nutricionales y producir cultivos ricos en vitaminas y minerales," indica.

"Si bien la cantidad de nutrientes deseados en los cultivos se puede aumentar a través del mejoramiento tradicional, cuando estos nutrientes están ausentes en las líneas paternas o no se pueden incrementar en la proporción necesaria para mejorar la nutrición, los alimentos transgénicos pueden verse como parte de la solución."

"La tecnología transgénica bien puede estar en condiciones de llevarnos más lejos que la mejora convencional de las plantas."

Como sucede con la lucha contra el cambio climático, tal vez la solución radique en una batería de intervenciones, dentro de la cual los transgénicos serían una más.

Y, al igual que en el caso del cambio climático, no sería prudente ignorar ninguna de ellas.

Carol Campbell es periodista científica independiente en Oudtshoorn, Sudáfrica