Acercar la ciencia al desarrollo mediante noticias y análisis

  • Aprender de la experiencia para combatir el hambre

2013 será un gran año para el desarrollo global. Al menos esta es la esperanza de los grupos de la sociedad civil en el Reino Unido. Su positivismo importa porque el Primer Ministro David Cameron es uno de los co organizadores del Panel de Alto Nivel de la ONU para la Agenda de Desarrollo posterior a 2015, que se prepara a entregar su informe en mayo.

El Reino Unido también acaba de asumir la presidencia del G8, que reúne a las ocho economías más grandes del mundo, dando a Cameron la oportunidad de establecer por lo menos una parte de la agenda de discusiones de los próximos seis meses.

DE UN VISTAZO

  • Campaña de seguridad alimentaria en Reino Unido construirá el rol del país en negociaciones de alto nivel en 2013
  • La campaña debe reconocer el papel de la ciencia en el mejoramiento de la productividad agrícola y la nutrición
  • Pero los científicos también pueden aprender del conocimiento socio-político de los activistas

Para aprovechar esta ventana de influencia mundial, la comunidad de cooperación para el desarrollo del país ha puesto en marcha la Campaña Conjunta sobre la Alimentación y el Hambre, una ambiciosa agrupación de 70 organizaciones socias. [1] Pero, la ciencia y la tecnología (CyT) ¿serán parte de ella?

Un lugar para la ciencia

La campaña está impulsada por algunas estadísticas complejas: aunque el mundo produce suficiente comida para alimentar a todos, dos millones de niños mueren por desnutrición cada año. La inseguridad alimentaria se ha convertido en un símbolo de inequidad y sigue siendo la consecuencia más devastadora de la pobreza.

Pero si bien la campaña tiene una serie de objetivos para el cambio político en áreas como inversión, tierra, impuestos y transparencia [1] hay poca evidencia de que los miembros de la misma sean conscientes del valor de la CyT en la lucha contra la inseguridad alimentaria.

La historia sugiere que el potencial de impacto es enorme. La Revolución Verde de la década de los años setenta, apoyada por avances científicos como variedades de cereales de altos rendimientos, estimuló el crecimiento de muchas economías de América Latina y Asia al generar rendimientos máximos.

Cuando Chris Whitty, asesor científico en jefe del Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido, dio su conferencia anual de Navidad ante la Fundación de Ciencia y Tecnología de Londres el mes pasado (diciembre de 2012), puso énfasis en describir el valor de la ciencia para África en el siglo XXI. [2]

Curiosamente, comenzó centrándose en la agricultura. Según Whitty, hay tres áreas principales en las que la ciencia contribuye a la seguridad alimentaria: incremento de los rendimientos, aumento del valor nutricional de los alimentos y reducción de las pérdidas poscosecha.

Producir más

Aumentar la productividad de la agricultura es vital. Se puede lograr obteniendo más de cada cultivo, o más cultivos en cada temporada, con un menor riesgo de pérdidas de cosechas. Esto quizás está mejor demostrado con las nuevas variedades de arroz.

En el caso de África, las variedades de arroz que se siembran tradicionalmente tienden a rendir una quinta parte de las variedades típicas asiáticas; sin embargo, las nuevas variedades que se están desarrollando en este continente están obteniendo rendimientos comparables a los de las especies asiáticas.

Algunas de esas nuevas variedades están listas para la cosecha hasta 50 días antes que las variedades tradicionales, y son más resistentes a sequías y plagas. [3]

Gran parte de los suelos africanos tiene deficiencias de nitrógeno y es poco probable que la tierra, como muchos de los vastos recursos de ese continente, alcance su productividad potencial sin algunos aportes innovadores de la ciencia. En este caso, la redistribución de la propiedad de la tierra no es suficiente para aumentar la productividad.

Perder menos

La ciencia está conduciendo esfuerzos para mejorar el contenido nutricional de los alimentos, proceso conocido como biofortificación. Existen ahora ejemplos replicables de variedades de camote y arroz enriquecidos con vitamina A, y de frijoles enriquecidos con hierro.

No obstante, existen dudas sobre si esta clase de fortificación es una alternativa sostenible para una dieta variada cuando se abordan las necesidades nutricionales. Pero estas preocupaciones no descartan la importancia de invertir en esta área, y la biofortificación es un claro objetivo de investigación de la campaña.

La ciencia y la tecnología también tienen un papel que cumplir para limitar la pérdida de alimentos entre la cosecha y el consumo, al mejorar el transporte y el almacenamiento. Los desarrollos en los mecanismos de suministro en el sector salud han contribuido a una reducción sin precedentes de las tasas de mortalidad de África en los pasados 40 años, y esto debería servir de inspiración a la campaña.

La sociedad importa

Si bien estos ejemplos muestran que las campañas de seguridad alimentaria se beneficiarían de los insumos científicos, a la inversa, los científicos podrían beneficiarse de la experiencia de estos activistas y de la Revolución Verde.

Estas campañas se centran en soluciones políticas. Abogar por el cambio social y económico no es ingenuo: a pesar de la promesa y los progresos que asociamos con la CyT, la investigación por sí sola no puede proporcionar soluciones.

Como bien lo señaló Whitty, una vacuna que es 90 por ciento efectiva en los ensayos clínicos podría ser solamente 50 por ciento eficaz en la práctica debido a la realidad socio-política de los sistemas de salud, a las prácticas de distribución y a la captación en los contextos locales. No hay razón para asumir que esto es menos complicado en la agricultura.

Y como lo dijo Paul Boateng, ex alto comisionado británico en Sudáfrica, durante una charla en el Instituto de Recursos Naturales del Reino Unido en noviembre, en África en particular, la relación de la gente con la tierra está determinada culturalmente. Los científicos necesitan considerar los aspectos políticos de las soluciones técnicas, y trabajar con análisis sociales para respaldar el despliegue de las innovaciones.

Anteriormente Whitty había señalado que el desarrollo de la ciencia sin análisis económico —no importa lo bien intencionado que sea— está destinado al fracaso.

La sostenibilidad importa

La segunda lección que un científico debe tener en cuenta es la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria dentro de nuestros límites planetarios.

Al describir el papel de la ciencia en el desarrollo global de manera más general, Whitty indicó que la ciencia ofrece la capacidad de desarrollar nuevas tecnologías y métodos, al tiempo que reduce los costos y adapta tecnologías más antiguas.

Podría no estarse refiriendo explícitamente a los costos ambientales de aplicar la ciencia al mejoramiento de la productividad alimentaria, pero con seguridad ésta es una cuestión importante.

En este contexto, el desarrollo sostenible subraya el papel de la eficiencia ecológica: la necesidad de obtener lo máximo de nuestros recursos al tiempo que los agotamos lo menos posible.

Esto habría sido una preocupación menor para los científicos y técnicos durante la revolución verde. Pero está destinada a convertirse en la preocupación central de cualquier esfuerzo para impulsar la productividad agrícola a través de la CyT en las décadas por venir.

Nick Ishmael Perkins
Director SciDev.Net
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@Nick_Ishmael

 

Referencias

[1] Joint Campaign on Food and Hunger (Bond, consultado el 10 de enero de 2013)

[2] Whitty, C. Science and development in Africa (FST, diciembre 2012)

[3] NERICA – Rice for Life (WARDA, 2001)

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