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Plantas de yuca modificadas genéticamente en campos de bioseguridad del CIAT.
  • Recrudece debate por transgénicos en Latinoamérica

Plantas de yuca modificadas genéticamente en campos de bioseguridad del CIAT.
Crédito de la imagen: Paul Chavarriaga-CIAT

De un vistazo

  • En las Américas se siembra 80 por ciento de cultivos transgénicos globales

  • Pero OGM son objeto de controversias judiciales y debates científicos a favor y en contra

  • Urge estudiar más los impactos sociales, ambientales y en salud, y entender la percepción pública

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[BUENOS AIRES] Desde hace veinte años, América Latina siembra cultivos transgénicos. Sumados Brasil (42,2 millones de hectáreas), Argentina (24,3), Paraguay (3,9) y Uruguay (1,6), llegan a igualar la superficie sembrada por EE.UU (73,1), principal productor mundial.
 
En conjunto, todas las Américas reúnen el 80 por ciento de la superficie mundial sembrada con organismos genéticamente modificados (OGM), según un informe de International Service for the Acquisition of Agri-Biotech Applications (ISAAA).
 
Pero no solo se trata de sumar hectáreas sembradas y nuevos récords. Los transgénicos vienen envueltos en agudos debates.
 
La polémica, con acusaciones mutuas a favor o en contra, se profundizó desde 1996, cuando mediante distintas normas y regulaciones, comenzaron a aprobarse en cascada distintos cultivos transgénicos (Argentina, Uruguay, Chile, Guatemala, Honduras, Cuba).
 
Además, en varios países existen demandas judiciales en distintas instancias por daños al medio ambiente y casos de cáncer, de los que son acusados los agroquímicos usados para eliminar malezas.
 
Glifosato en la mira
 
Uno de los ojos de la tormenta es el glifosato, herbicida clasificado como disruptor o interruptor endocrino [1], citotóxico [2] y potencialmente cancerígeno por los linfomas que puede producir [3].
 
No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque lo coloca en una lista de riesgo, luego de recoger diversos estudios durante una década en Canadá, Estados Unidos y Suecia, habla de “limitada evidencia” [4].
 
También en Argentina, donde la aceptación de OGM fue menos polémica en los años 1990, los numerosos movimientos sociales antitransgénicos empiezan a tener masa crítica y a generar más eco judicial. Así, un juzgado federal de primera instancia declaró admisible (junio 2015) una demanda colectiva ambiental contra el estado nacional y empresas internacionales por daños a la salud y el ambiente.
 
Y otra causa del mismo orden espera resolución de la Corte Suprema de Justicia. Además, algunos municipios decidieron prohibir el glifosato, si bien se trata de localidades con poca tradición agraria, como Lago Puelo, Cholila y Epuyén (en la patagónica Chubut).
 
Polémica científica
 
Pero también en la comunidad científica la falta de consenso es evidente.
 
“No hay ninguna relación causa-efecto entre el glifosato y las malformaciones (congénitas y adquiridas)”, dice la investigadora Gabriela Levitus, de Argenbio (Argentina). “Si se prohíbe en los lugares donde hay cáncer los problemas continuarán porque son otras las causas”, agrega.
 
Levitus sí reconoce posibles impactos ambientales como consecuencia del monocultivo, “pero es algo independiente de los transgénicos y tiene que ver con las prácticas agropecuarias”, aclara.
 
Por otro lado, Rubens Nodari, investigador de la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil) y coordinador de un grupo de investigación de los efectos de los OGM en la biodiversidad, replica: “Hay muchos reportes que marcan reacciones del sistema inmunológico a las toxinas del glifosato”.
 
Agrega que las grandes empresas internacionales que los producen y venden ya analizan estrategias alternativas para controlar las malezas que el glifosato combate, por la posibilidad de que se le prohíba.

Etiquetado: otra polémica

No es el único frente. En el departamento de Montevideo, Uruguay, ya se ha aplicado una decena de multas a empresas que infringen una norma local que comenzó a regir este año, que obliga a etiquetar alimentos que contengan transgénicos.

“Los agroquímicos son necesarios también para la producción convencional. Lo importante es hacer las pruebas y mantener opciones genéticas de todo tipo”.

Crisanta Rodas, Universidad Nacional de Asunción

 
El investigador Claudio Martínez, de la Universidad de la República (Uruguay), piensa que la exigencia de etiquetado debería extenderse a todo el país.
 
Martínez formaba parte del equipo que investigaba la seguridad de los transgénicos pero su grupo renunció. “Nos hacían analizar sólo la planta y no el paquete tecnológico que viene con uso masivo de herbicidas y agrotóxicos. Y lo que hacíamos no era vinculante, la decisión política de autorizarlos igual se tomaba. Por eso renunciamos”, dijo.
 
Distinto es el caso de Crisanta Rodas, de la Universidad Nacional de Asunción, Paraguay, quien recuerda que los agroquímicos son necesarios también para la producción convencional. Lo importante es hacer las pruebas y mantener opciones genéticas de todo tipo, señala.
 
“Los biólogos moleculares muestran que los OGM son estables y que las pruebas en el campo son buenas. Aquí se han hecho doscientos ensayos”, dice y agrega que los informes que hablan de una relación con casos de cáncer no le parecen metodológicamente bien hechos.
 
Los países andinos
 
Perú, Venezuela, Ecuador y Bolivia (que tiene aprobada soja transgénica desde antes de la llegada al gobierno del presidente Evo Morales en 2006), conforman un eje de oposición a los transgénicos, o al menos de expectación.
 
El caso peruano incluye una moratoria por la cual hasta diciembre de 2021 no se permitirá ningún cultivo genéticamente modificado, para hacer los estudios de bioseguridad pertinentes.
 
Según David Eduardo Castro Garro, especialista en biotecnología moderna del Ministerio del Ambiente del Perú, los plazos son correctos. “No es que se prohíbe y no se hace nada. La ley es un marco jurídico y hay reglamentos para redactar en este tiempo, con participación de muchas instituciones. Nuestra intención es liberarlos quizás en algunos lugares, pero proteger la biodiversidad por ejemplo de nuestro maíz”, explica.
 
Pero para su compatriota William Roca, presidente de REDBIO y científico emérito del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), “la regulación ha resultado altamente costosa, decenas de veces mayor que el costo de la generación de los mismos productos. Consecuentemente, nos quedamos sin herramientas de tecnologías en la lucha contra el hambre y la desnutrición”, indica.



Debates, leyes y decisiones judiciales
 
A diferencia de lo que pasa en el sur, en América Central solo cuatro países tienen cultivos transgénicos: México tiene 200.000 hectáreas sembradas con variedades de soja y algodón; Cuba y Honduras, unas 50.000 hectáreas de maíz, y Costa Rica aproximadamente 50.000 de algodón y soja.
 
Pero la Federación Centroamericana de Cámaras del Agro prepara un proyecto de ley para que los transgénicos no se restrinjan en ningún país de la región.
 
José Luis Solleiros, investigador del Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dice que en su país se siembra de forma comercial algodón GM resistente a insectos, tolerante a herbicidas o combinado.
 
“También se ha sembrado soja transgénica tolerante a herbicidas, pero hubo protestas en el sureste con el argumento de que se contamina la producción de miel, pues las abejas tienen contacto con el polen de las plantas. A partir de estas protestas ha habido fallos para detener la producción”, reseña.
 
También decisiones judiciales detuvieron al maíz transgénico en el norte. Para Solleiros “no ha habido ningún perjuicio demostrable con evidencias científicas. Lo que se maneja son juicios especulativos sobre daño a la biodiversidad y la salud”.
 
Opiniones muy divididas
 
Pero en México no todos opinan igual. La investigadora Ursula Oswald Spring, también de la UNAM, alerta sobre los efectos de los OGM en la salud humana, animal y los peligros para la biodiversidad.
 
“México domesticó el maíz y el frijol (o poroto), cuyas plantas se han convertido en alimento mundial y debe proteger preventivamente su patrimonio natural ante cualquier riesgo”, indica en un artículo publicado en la revista digital de esa universidad. [5]
 
En Costa Rica, una vez más se debate en el Congreso otra moratoria, como ocurre desde 2004 en distintas instancias, explica Marta Valdez, investigadora y profesora de la Universidad de Costa Rica y miembro de la Academia de Agricultura de Francia.
 
“En 2014 hubo un recurso de inconstitucionalidad de dos artículos de la ley de bioseguridad y de un artículo sobre confidencialidad. Se decidió que no debe ser confidencial lo que se investiga”, dijo. También en la Asamblea Legislativa hubo un proyecto de ley para declarar una moratoria indefinida.
 
Para Valdez, “en Costa Rica no tenemos evidencias de daños a la salud y al ambiente. Todo es un efecto de la campaña mundial orquestada por Greenpeace”, asegura.
 
Pero consecuencia o no de campañas, lo cierto es que el 90% de municipios costarricenses se han declarado libres de transgénicos.
 
Por su parte, Cuba se mantiene sin cultivar soja transgénica. A raíz del deshielo en las relaciones con los Estados Unidos se barajó la posibilidad del ingreso de la empresa Monsanto pero el ministerio de agricultura de la isla la descartó.
 
En síntesis, a pesar de que los cultivos transgénicos vienen siendo cultivados en las Américas hace aproximadamente 20 años y la región se ha erigido en una potencia en su producción, el tema está lejos de tener un consenso en la sociedad y en la comunidad científica. Más estudios son necesarios para comprender no solo sus impactos sociales, ambientales y en salud, sino también para comprender la percepción del público sobre esta tecnología.

Referencias

[1] Glyphosate induces human breast cancer cells growth via estrogen receptors. Thongprakaisang S, Thiantanawat A, Rangkadilok N, Suriyo T, Satayavivad J. Food Chem Toxicol. 2013 Sep;59:129-36. doi: 10.1016/j.fct.2013.05.057.
[2] Citotoxicidad del glifosato en células mononucleares de sangre periférica humana. Adriano Martínez , Ismael Reyes2, Niradiz Reyes. Biomédica, vol. 27  N°4. Bogotá Oct./Dec. 2007
[3] Pesticide exposure as risk factor for non-Hodgkin lymphoma including histopathological subgroup analysis. Eriksson M1, Hardell L, Carlberg M, Akerman M. Int J Cancer. 2008 Oct 1;123(7):1657-63. doi: 10.1002/ijc.23589.
[4] IARC Monographs Volume 112: evaluation of five organophosphate insecticides and herbicides. International Agency for Research on Cancer / World Health Organization. 20 march 2015
[5] Transgénicos: efectos en la Salud, el Ambiente y la Sociedad. Una Reflexión Bioética. Úrsula Oswald Spring. Revista Digital Universitaria, Universidad Autónoma de México. Enero 2001.
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