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  • Vínculo biodiversidad-pobreza exige más investigación

Los políticos no actuarán para conservar la biodiversidad a menos que tengan pruebas sólidas de que efectivamente es una estrategia eficaz para combatir la pobreza global.

Mañana (22 de mayo) es el Día Internacional de la Diversidad Biológica. Pero las celebraciones previstas seguramente serán opacadas por la noticia de que el mundo no ha logrado cumplir su objetivo de reducir significativamente la tasa de pérdida de biodiversidad (Ver Biodiversity leaders lament failure to reach the powerful). 

El objetivo, establecido para 2010, fue acordado por las partes en la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB) en 2002 y posteriormente incorporado en el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) de garantizar la sostenibilidad ambiental para 2015.

A finales de este año, los líderes políticos y científicos en dos importantes reuniones internacionales se enfrentarán a preguntas difíciles acerca de por qué los esfuerzos mundiales para frenar la pérdida de biodiversidad no han sido más exitosos y qué es lo que se debe hacer al respecto.

La primera es la cumbre de revisión de los ODM en Nueva York en septiembre. Y en la segunda, la Cumbre de Biodiversidad programada para octubre en Nagoya, Japón, los signatarios del CDB deberán acordar un nuevo conjunto de objetivos y — es de esperar — una estrategia más realista para conseguirlos.

El fracaso al tratar de detener la pérdida de diversidad biológica no significa falta de compromiso de la comunidad científica. Durante las últimas décadas, muchos científicos han liderado esfuerzos para destacar los efectos perjudiciales que la actividad humana puede tener sobre nuestro ambiente natural.

Convencer a los políticos
 

Pero ha sido difícil alinear este mensaje con las prioridades de los políticos. El principal desafío consiste en convencer a los generadores de políticas de que prevenir la pérdida de la biodiversidad es un paso esencial hacia la meta mucho más ampliamente aceptada de eliminar la pobreza mundial.

Para algunos defensores de la diversidad biológica, los vínculos son obvios. Señalan, por ejemplo, que todo desarrollo social se basa en “servicios” prestados por los ecosistemas naturales —desde buena calidad de aire y de agua hasta los alimentos y las fuentes renovables de energía — y que cualquier daño a estos servicios pone en peligro a las comunidades que dependen de ellos.

Pero, hasta ahora, estos “evidentes” argumentos no han logrado convencer a los políticos de tomar medidas.

Se necesita una prueba más sólida que demuestre que al conservar la biodiversidad, se alivia la pobreza. Los políticos necesitan pruebas científicas convincentes sobre la relación directa entre la protección del entorno natural y la promoción de los intereses de las comunidades pobres.

Ya existen algunos esfuerzos que demuestran esta evidencia. Esta semana, por ejemplo, informamos sobre un estudio realizado en Kenya que muestra que si se protegen las poblaciones de peces limitando la pesca, es posible preservar su viabilidad económica (Ver Fishing restrictions bring better catches, says study).

El mes pasado una conferencia en Londres, organizada por el Instituto Internacional de Ambiente y el Desarrollo (IIED, por su sigla en inglés) entregó aun más evidencia. Se destacó el discurso de Craig Leisher, de la organización estadounidense The Nature Conservancy, quien describió cinco intervenciones clave de investigaciones evaluadas por pares en las que la conservación de la biodiversidad ha demostrado aliviar la pobreza, como ocurre con el turismo forestal (Ver Study pinpoints whether conservation can fight poverty).
 
Factores que complican
 

Pero el mensaje más amplio que surgió de la reunión de Londres, en particular a partir de tres “informes sobre el estado del conocimiento” encargados por el IIED, es que en realidad faltan pruebas sólidas y científicas sobre la relación entre la diversidad biológica y la pobreza.

Uno de los informes, que examina los patrones espaciales de biodiversidad y pobreza, respalda la opinión muy extendida de que son conceptos que se superponen, pero concluye que, dependiendo de la manera como se definan, se podrá identificar en qué punto lo hacen.

Además, la existencia de una correlación espacial no aumenta nuestra comprensión fundamental sobre cómo y por qué la biodiversidad y la pobreza se superponen.

Otro de los informes destaca la falta de pruebas contundentes sobre hasta qué punto los pobres dependen de la biodiversidad. Uno de los autores, Bhaskar Vira de la Universidad de Cambridge, señaló un salto conceptual entre la abundancia de los recursos —como los productos no madereros— y la biodiversidad. “¿Es la dependencia a la biodiversidad lo que estamos documentando, o simplemente la dependencia de los medios de vida basados en los recursos?”, se preguntó.

En muchos casos, también existe la dificultad de determinar con exactitud en qué medida los elementos de conservación de los proyectos han logrado reducir la pobreza, para evitar las afirmaciones exageradas sobre el papel que ha desempeñado la conservación.

Ninguna de estas preguntas tiene respuestas fáciles. Pero lo que está claro es que se necesita más investigación para producir evidencia sólida sobre los vínculos entre la diversidad biológica y la pobreza.

Investigación —y acción

Para investigar los vínculos, los investigadores tendrán que trabajar juntos de manera efectiva y multidisciplinaria, y los donantes tendrán que dar mayor prioridad a los proyectos de investigación que estén explícitamente orientados a demostrar los vínculos entre la conservación de la biodiversidad y la mitigación de la pobreza.

Por supuesto, siempre existe el peligro de que un llamado a promover la investigación pueda ser utilizado como una excusa para frenar entre tanto las decisiones políticas.

Pero sin pruebas sólidas de que la conservación de la biodiversidad puede aliviar la pobreza, los políticos simplemente no comulgarán con la idea de proteger la biodiversidad, o tomarán medidas que, a pesar de ser bien intencionadas, terminan estando fuera de foco y siendo ineficaces.

No hay ejemplo más claro de la necesidad de basar las buenas políticas en pruebas científicas sólidas; generar esas pruebas debe ser reconocido como una de las principales tareas por delante.
 
David Dickson, Director
Sian Lewis, editora comisionada
SciDev.Net
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