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  • Más investigación para reducir riesgos de agricultores

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Campesinos de zonas áridas están produciendo nuevos cultivos para biocombustibles, pero aún se requiere más investigación, dice William Dar.

Cada vez que el mundo experimenta prolongadas alzas en los precios del petróleo, se buscan alternativas. Y en los dos últimos años con los aumentos del precio la atención se ha centrado en los biocombustibles.

Los países con programas de biocombustibles han fortalecido sus esfuerzos y muchos que no tenían programas han empezado a establecerlos. El uso de biocombustibles mezclados con diésel (hasta 20 por ciento) requiere muy pocas o ninguna modificación al motor. También reduce los hidrocarburos no quemados en 30 por ciento, el monóxido de carbono en 20 por ciento y el material particulado en 25 por ciento. Además, el contenido de sulfuros es insignificante.

Cultivos de biocombustibles para campesinos pobres

El Instituto Internacional de Investigaciones en Cultivos de los Trópicos Semiáridos (ICRISAT), un instituto internacional de investigación agrícola que trabaja para mejorar la productividad agrícola en las zonas áridas de Asia y África Subsahariana, se ha centrado en ayudar a campesinos pobres de regiones áridas a sumarse a la revolución de los biocombustibles. Dado que la industria de los biocombustibles requiere economías de escala, usualmente deja de lado a pequeños propietarios campesinos que no pueden cultivar suficiente del principal cultivo para biocombustibles. La estrategia de ICRISAT en favor de los pobres es conectar a los campesinos pobres con la industria y el mercado, ayudándolos a producir cultivos apropiados.

Por ejemplo, ICRISAT está proporcionando semillas de sorgo dulce a tres grupos de campesinos de la India que tradicionalmente han cultivado sorgo regular, ya que el sorgo dulce puede usarse para producir bioetanol. Y en aldeas que tienen grandes superficies de tierras no cultivables, ICRISAT ha estado ayudando a los pobres y a quienes no poseen tierra a cultivar jatrofa y vender las semillas a una empresa que produce biodiésel.

Las plantaciones de jatrofa pueden establecerse en tierras áridas y suelos pobres de regiones con escasa lluvia. La jatrofa es fácil de asentar, crece rápida y vigorosamente, y no es muy factible que el ganado o las cabras pasten de ella. Sus semillas contienen hasta 40 por ciento de aceite.

Aunque los monocultivos de jatrofa en bloques de plantaciones son más susceptibles a pestes y enfermedades, el cultivo intercalado puede ayudar. ICRISAT ha evaluado el sorgo, el mijo perla, la arveja, el garbanzo, el girasol y el cártamo como cultivos secundarios. La producción de los cultivos alimentarios proporciona sustentabilidad económica y de subsistencia, especialmente en los primeros años, antes de que el cultivo de jatrofa madure completamente y genere un ingreso máximo a partir del biodiésel. Pero todavía se requiere más investigación sobre el control de pestes.  

Buen potencial, pero pocos hechos

Ciertamente, pese al potencial de los cultivos, sorprende que hay muy poca información sobre los niveles de producción comercial por hectárea y no se han establecido programas de reproducción. Ésta podría ser una novedosa y gran oportunidad de invertir en nueva investigación, e ICRISAT está trabajando en eso.  

Considerando que la jatrofa es un cultivo susceptible de alta polinización cruzada, cada planta es genéticamente diferente. Esto ofrece un gran potencial de selección de plantas superiores en un programa de reproducción. La domesticación de otro cultivo oleaginoso, la jojoba, aumentó en diez veces la producción de semillas y estableció plantaciones comerciales rentables.

Hasta ahora hemos visto grandes variaciones en el contenido de aceite de las semillas de jatrofa, oscilando entre 25 y 40 por ciento. Necesitamos reevaluar ésto a lo largo del tiempo y en diferentes localidades para verificar si las variaciones reflejan la genética o solamente la variabilidad medioambiental.

Los estudios también muestran que plantas individuales de jatrofa pueden variar 18 veces en su promedio de producción de semillas a lo largo de cuatro años. Las altamente productivas fueron consistentes a través de los años, sugiriendo –pero no demostrando de forma concluyente- causas genéticas más que medioambientales.

El Centro Nacional de Biocombustibles de la Asociación de Investigación de Conservación del Petróleo, en India, estima que las semillas de jatrofa producen 1,5 toneladas por hectárea al plantarse en terrenos yermos, lo que se traduciría en cerca de 500 kilos de aceite por hectárea tras su extracción (540 litros). Pero el Centro de Excelencia para la Promoción del Biodiésel de Jatrofa, en Rajastán, India, entrega una estimación mucho más alta para las plantaciones intensivamente manejadas, con alrededor de 10 toneladas de semillas por hectárea o 3.400 litros de aceite. Ambos pronostican grandes retornos en la inversión después de cinco años, una vez que las plantaciones hayan alcanzado completa maduración y den una producción máxima de semillas. Pareciera que la jatrofa ciertamente tiene potencial para una buena productividad.

Prioridades de la investigación

Dado que las estimaciones de la producción de jatrofa muestran tan enorme variación, probarlas es una prioridad. Necesitamos una mejor definición del potencial del cultivo, de manera que se puedan llevar a cabo estudios certeros de factibilidad económica. 

También necesitamos mejorar la propagación de las tecnologías, tales como la propagación vegetativa y el cultivo de tejidos, para permitir una multiplicación rápida y eficiente. La investigación para optimizar las prácticas de administración del campo para estos nuevos cultivos es otra prioridad.

La torta de semillas de jatrofa, un derivado luego de la extracción del aceite, es una rica fuente de nutrientes de la planta, y su potencial como fertilizante orgánico debiera ser más investigado. También podría contener toxinas con potencial como pesticidas orgánicos. Asimismo, la investigación debiera explorar si la torta de semillas puede también utilizarse para producir energía, por ejemplo, como materia prima en plantas de biogás a nivel de aldeas. 

A medida que la revolución de los biocombustibles avanza, la jatrofa se está plantando en grandes superficies a lo largo del mundo. Fortalecer la investigación científica de forma paralela asegurará que mientras los campesinos pobres cosechan los beneficios económicos, no están siendo expuestos a riesgos innecesarios.

El Dr. William Dar es director general del Instituto Internacional de Investigaciones en Cultivos de los Trópicos Semiáridos (ICRISAT) y presidente del Comité de Ciencia y Tecnología de la Convención de las Naciones Unidas para el Combate a la Desertificación.

 

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