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Radar latinoamericano: El sucio significado de limpio
  • Radar latinoamericano: El sucio significado de limpio

Crédito de la imagen: Markel Redondo / Panos

De un vistazo

  • En los albores de una Tercera Revolución Industrial impulsada por las nuevas tecnologías y las energías renovables, Latinoamérica presenta un claro atraso

  • La región podría compensarlo con su gran potencial para la generación de energía a partir del sol, viento, mares y calor del subsuelo

  • Pero parece haber quienes ceden a la tentación de hacer pasar al gas natural como un combustible “limpio”, obstaculizando así la transición

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Jeremy Rifkin, economista estadounidense que suele irritar a sus colegas anunciando el fin del capitalismo[1], alega que los ingredientes para una nueva revolución industrial están disponibles en el presente. “Cuando hay un cambio de paradigma económico, emergen tres revoluciones tecnológicas (…) Nuevas formas de comunicación para manejar la actividad económica. Nuevas formas de energía para conducir la actividad económica. Nuevas formas de transporte y logística para mover la actividad económica”, dijo Rifkin a Huffington Post[2].

Explicó que en el siglo XIX fue la confluencia de la imprenta y el telégrafo, la máquina de vapor y el carbón barato, y al final los ferrocarriles, lo que sostuvo la revolución industrial. En el siglo XX vimos otra, a cuestas del teléfono, la radio y la TV, el petróleo barato y los autos de combustión interna sobre grandes carreteras nacionales.

En un discurso en 2012 ante la Comisión Europea, Rifkin leyó el menú de la revolución que viene: “Hoy, la tecnología de Internet y las energías renovables comienzan a converger en Europa para crear la infraestructura para una Tercera Revolución Industrial”[3]. Puesto que no hay nada exclusivamente europeo en esa lista, vale concluir que la receta es extensible al resto del mundo. Se podrá argumentar que Latinoamérica aún arrastra los pies en términos de tecnología para Internet —cableado con fibra óptica, capacidad humana para programar, competencia entre múltiples prestadores de servicios—, pero en el capítulo de las fuentes renovables la situación no es simple.

Hay, también, atraso tecnológico: con España, en energía eólica, y con Alemania en solar, por ejemplo. Pero hay que considerar la posibilidad de que ese atraso actual pudiera verse compensado por la ventaja colosal que muchos de nuestros países tienen en potencial de generación a partir de sol, viento, mares y calor del subsuelo.

Por tanto, si Rifkin acierta, vale concluir que la transición energética de las fuentes fósiles a las no fósiles es inevitable.
 
Más allá de la nariz

Este Radar ha examinado ya la necesidad de esa transición esgrimiendo argumentos de economía[4]. Pero lo que hagan los gobiernos es otra cosa. O lo que dejen de hacer. O lo que simulen hacer.

Mi país, México, ofrece un intrigante caso para el análisis. Es uno de los mayores productores de hidrocarburos, pero importa gasolinas y petroquímicos; tiene una Estrategia Nacional de Transición Energética y una Estrategia Nacional de Cambio Climático, aunque apuntan en sentidos opuestos; y tiene potenciales entre los mayores del mundo de energías eólica, solar y geotérmica. Sin embargo, su reciente Reforma Energética se empeña en extraer tanto gas natural como sea posible.

Hay que reconocer que acompañando a esa reforma fue promulgada una Ley de Transición Energética, con metas específicas de reducción de emisiones de gases de invernadero. Aprobada por la Cámara de Diputados en diciembre de 2014[5], el Senado la ha dejado dormir todo este año, prisa por aprobarla[6].

Aún así, la lectura de los documentos oficiales sobre política energética es muy reveladora. La iniciativa de Ley de Transición en el limbo del Senado mexicano “mandata el equivalente de que 35 por ciento de la energía que se consuma en el país sea a partir de energía limpia”[7]. La cifra es interesante, pero la elección de palabras no lo es menos: ¿la transición es hacia energías renovables… o “limpias”?

Hice un ejercicio casi infantil: un conteo de palabras. El vocablo “renovables” aparece 60 veces en la iniciativa; “limpias”, 196 veces[8]. La distinción entre energía “limpia” y “renovable” podría ser trivial, excepto porque es posible detectar la preponderancia sistemática del primer vocablo sobre el segundo.

¿Es paranoica la hipótesis de que no es casualidad sino estrategia? El entonces titular de la Secretaría de Medio Ambiente, en una columna invitada en el diario Reforma, escribió que “la reforma energética abre la pauta a la generación de energías limpias a bajo costo como el gas natural, la geotermia, la energía solar y la eólica con un menor impacto en el ambiente”[9].

Ahí va implícita la noción de que el gas natural es una energía “limpia”, noción repetida en múltiples documentos y entrevistas de funcionarios. Importa, porque la Estrategia Nacional de Energía[10] propone, en un horizonte de 15 años, que 72 por ciento de la electricidad sea generada por combustión de gas natural[11]. ¿Vale pensar que al intentar hacer pasar al gas natural como energía “limpia”, se pretende redirigir la transición hacia este hidrocarburo en vez de hacia fuentes no fósiles?
 
¿El futuro es subterráneo?

La gran virtud del gas natural es que desplaza al carbón, un combustible impresentable. Pero esto no basta para concederle la etiqueta de “limpio”. Ricardo Torres, investigador del clima en la Universidad Nacional Autónoma de México, me dijo que “desde el punto de vista del cambio climático (la) combustión del gas natural (…) emite grandes cantidades de CO2, por lo que ya no sería limpio de ninguna manera”.

Ese punto de vista —el del cambio climático— es imposible de ignorar. Un artículo en Nature estima la cantidad de combustibles fósiles que deben dejarse en el subsuelo, sin extraer, para poder aspirar a que la temperatura global promedio no rebase 2oC. Sus cálculos para Latinoamérica dicen que 76 por ciento de los recursos actuales de gas natural son “inquemables”[12].

Comunicación, energía y transporte son las variables revolucionarias en el modelo de Rifkin. En la etapa pre-revolucionaria, varios países latinoamericanos hacen buen negocio exportando gas natural; otros se deben conformar con que esté más o menos barato —por ahora— y que goce de un prestigio menos funesto que al carbón.

Tal vez a Rifkin le falta una cuarta variable: la revolución del pensamiento. El artículo de Nature contiene una idea genuinamente revolucionaria: dejemos los hidrocarburos en el subsuelo.

Ahí está el futuro.
 
 
 
 
 
 


Referencias

 


[1] http://www.bbc.co.uk/programmes/p01y842m
[2] http://www.huffingtonpost.com/todd-r-miller/the-architect-of-germanys_b_5979468.html
[3] http://ec.europa.eu/enterprise/policies/innovation/files/mg-speech-rifkin_en.pdf
[4] http://www.scidev.net/america-latina/biocombustibles/blog-de-analistas/radar-latinoamericano-latinoamerica-en-sentido-contrario.html
[5] http://www5.diputados.gob.mx/index.php/esl/Comunicacion/Boletines/2014/Diciembre/15/4833-Aprueban-diputados-dictamen-que-expide-Ley-de-Transicion-Energetica
[6] http://www.scidev.net/america-latina/energia/noticias/mexico-sin-ley-de-transicion-energetica-a-la-vista.html
[7] http://www.senado.gob.mx/sgsp/gaceta/62/2/2014-06-11-1/assets/documentos/Inic_PAN_DiP_Sen_Ley%20_Tran_Energetica.pdf
[8] Estoy suponiendo que la búsqueda de las palabras en singular incluiría sus plurales, pues “limpia” aparece 205 veces y “renovable”, 71 veces. Por tanto, la búsqueda de plurales es un poco más restrictiva.
[9] http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=58528
[10] http://www.senado.gob.mx/sgsp/gaceta/62/2/2014-03-04-1/assets/documentos/ENE.pdf
[11] La Estrategia 2014 no muestra metas numéricas, sino que retoma las de la versión anterior: http://www.senado.gob.mx/sgsp/gaceta/62/2/2014-03-04-1/assets/documentos/ENE.pdf
[12] http://www.nature.com/nature/journal/v517/n7533/full/nature14016.html

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