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  • Un techo, un tanque y lluvia

Solo se requiere un techo, una canaleta y un tanque para evitar dolores de cabeza a los pobres. ¿Tiene límite la recolección? preguntan Aisling Irwin y Aditya Ghosh.

Al señor Wijesinghe, de la aldea Meewellawa, situada en el árido noroeste de Sri Lanka, le entraba el pánico cuando sus vecinos asomaban por su casa. Eso significaba, según la costumbre, que les debía servir una taza de té. El problema era que su pozo cada vez estaba más seco y cada gota de agua debía traerla luego de un recorrido de cuatro kilómetros.

Así era hasta la instalación, el año pasado, de un sistema que recoge la lluvia de su techo y la vierte en un tanque y un estanque. Ahora, el señor Wijesinghe cuenta con agua potable. Además, el agua que se filtra del estanque ha recargado su pozo y también riega su nuevo y exuberante jardín, rico en frutas y verduras para la venta. Su familia tiene tiempo para realizar otras actividades. Y en cuanto a una taza de té, su puerta ahora está siempre abierta.

La historia de Wijesinghe es una de las miles que se repiten en todo Sri Lanka y en otros países. La calidad de vida se ha superado gracias a no tener que realizar la ardua labor de salir a buscar agua. Las horas perdidas son usadas en tareas más productivas. Y todo gracias a una simple intervención.

Quienes proponen recolectar el agua de lluvia dicen que la técnica debería propagarse masivamente y podría representar la mejor defensa de los pobres contra la escasez de agua inducida por el cambio climático. Pero el mundo está salpicado de historias de intentos fallidos de captar agua en los techos, y los académicos dicen que su potencial para terminar con la inseguridad hídrica está sobrevalorado.

Un pedigrí antiguo

La captura del agua de lluvia es una tecnología ancestral cuya popularidad ha subido y bajado a través de los siglos. Recientemente, su preferencia bajó a medida que las aguas subterráneas —una fuente de distribución natural y de alta calidad que ofrecen las economías de escala— se volvió popular.

Pero, en la última década, el agua de lluvia ha hecho su reaparición a través de aquellos que tienen que cavar cada vez más profundamente debido a la disminución de la napa freática, o cuyas aguas subterráneas han sido infiltradas por fluoruro, arsénico o sal.

En Sri Lanka, el gran tsunami que asoló el Océano Índico en 2004, y contaminó las aguas de las zonas costeras con bacterias y agua salada, aceleró la cada vez más usada costumbre de recolectar agua de lluvia, según Tanuja Ariyananda, directora del Forum de Recolección de Agua de Lluvia de Sri Lanka. Según el último recuento, 35,000 hogares —de una población de 20 millones de habitantes— cuentan con instalaciones domésticas para juntar agua de lluvia.

No es para todos

La naturaleza dotó a Sri Lanka de una impresionante precipitación promedio anual de 1,700 mm, aunque las áreas secas pueden pasar hasta seis meses sin agua.

Pero el éxito de Sri Lanka no puede ser replicado necesariamente en cualquier parte, advierte Terry Thomas, profesor titular en la escuela de ingeniería en la Universidad de Warwick del Reino Unido, quien ha participado en varios proyectos de recolección de agua desde los techos en varios países.

Thomas, quien se declara un “entusiasta modificado” de la actividad, dice que hay muchos lugares que no son aptos.

“Si hay una estación seca de seis meses es muy poco rentable hacerlo”, señala. Serían preferibles otras opciones para conseguir seguridad hídrica, por ejemplo las naciones del Medio Oriente que son ricas en energía, pero tienen un bajo régimen de lluvias, son más adecuadas para la desalinización.

Por el contrario, Uganda, que tiene dos estaciones lluviosas con solo seis semanas de temporada seca, es perfecta para la recolección de lluvia. El sudeste de Asia y algunas partes de la selva amazónica están igualmente bien dotadas para ello, agrega.

 

La corta estación seca en Uganda lo convierte en un lugar promisorio para recolectar agua de lluvia

Flickr/JulioGonzalez1

Las capturas en los techos son, por supuesto, una solución para los desesperados, donde sea que se encuentren: los que viven en la cima de las colinas, donde ir a buscar agua significa un trabajo agotador; o donde el terreno es difícil de perforar; y también para los que viven en áreas como el nordeste de Brasil donde, explica Thomas, “no hay ríos, ni acuíferos ni una lluvia modesta”.

El almacenamiento es caro


A pesar de que la captura en los techos suena como una alternativa barata, requiere canaletas y tuberías y —lo que es más caro aún— almacenamiento.

En Sri Lanka, cada instalación doméstica, con un tanque de cemento con capacidad para 5,000 litros, cuesta US$300, incluida la mano de obra. Pero puede salir mucho más barato, afirma Brett Martinson, profesor titular de ingeniería ambiental y desarrollo sostenible en la Universidad de Portsmouth del Reino Unido. Al mantenerse lejos de los adornos que los inventores suelen añadir, y optar por un modelo más modesto, de 500 a 1,500 litros de capacidad, los costos podrían rebajarse a unos US$50.

Pero ese precio todavía puede seguir siendo alto para los muy pobres, hacia quienes están dirigidos muchos de estos esquemas. Por lo tanto, los sistemas de captura de agua en los techos por lo general están siendo subsidiados por organizaciones no gubernamentales, donantes extranjeros o gobiernos nacionales. Esto ha conducido, dicen los críticos, a la cultura de dependencia que es común para el fracaso de los proyectos de desarrollo.

“Todos los programas a lo largo de los años han conseguido tener sistemas subsidiados”, dice Thomas. “Nadie va a pagar nunca por un sistema no subsidiado; siempre esperarán a que otro les llegue”.

Y esta “intervención difusa, anárquica y de pequeña escala”, como la llama Martinson, ofrece un pequeño margen para las economías de escala que ayudan a mantener los precios bajos con una distribución centralizada de agua.

El agua de lluvia necesita legislación

Sin embargo, en Sri Lanka el gasto no parece haber obstaculizado el relativo éxito de largo plazo. Los subsidios de los donantes y del gobierno han permitido la compra de los equipos a lo largo de los años pero, fundamentalmente, según Ariyananda, el apoyo gubernamental significa que es poco probable que se deje de recolectar agua de lluvia aun si los donantes se retiran.

Sri Lanka puso en marcha una política nacional sobre la recolección de agua de lluvia en 2005, seguida de una legislación. En las áreas urbanas, por ejemplo, los nuevos edificios a partir de cierto tamaño deben recolectar agua de lluvia en sus techos.

El manejo del gobierno es esencial para el éxito a nivel nacional de los esquemas de captación en los techos, afirma Vessela Monta, directora ejecutiva de la Alianza Internacional Rainwater Harvesting, de Suiza.

“Para mí, una historia exitosa es cuando un país elabora una ley sobre la recolección del agua de lluvia dentro de un plan de desarrollo”, subraya Monta. “Este es el paso más importante”, añade.

La popularidad entre los gobiernos parece estar creciendo.

“Cuando comenzamos (en 2002), solo los profesionales estaban al tanto del valor de recolectar agua de lluvia”, recuerda Monta. “La gente consideraba que estábamos haciendo algo marginal, vinculado más con la tradición que con el futuro. Este ha sido un periodo muy intenso de cambio”, reconoce.

Ahora, el interés en la recolección de agua en general, y de la captura en los techos en particular, se ha extendido, en parte debido a que los sistemas de recolección de agua de lluvia fueron incluidos en la lista de ‘fuentes de agua mejoradas’ descrita en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas en el año 2000. Entre los países que ya cuentan con políticas, e incluso con legislación, figuran India, Kenia y Uganda.

 

Conseguir agua puede tomar varias horas del día

Flickr/International Rivers

 

La importancia del apoyo gubernamental, continúa Monta, radica en parte en el hecho de que permite que organizaciones nacionales vigorosas puedan conducir proyectos de recolección, capacitar a los pobladores en sus nuevos sistemas y organizar un adecuado mantenimiento de respaldo. Un resultado alentador para los seguidores del agua de lluvia son las encuestas en Sri Lanka que muestran que el 80 por ciento de las instalaciones están trabajando bien, lo que Ariyananda atribuye a dicho apoyo.

Efectos del cambio climático

Sin embargo, para una tecnología tan simple, advierte Martinson, hay un enorme número de pequeñas cosas que pueden salir mal.

Los mosquitos pueden reproducirse en los tanques sin tapa; las algas crecer en las aguas iluminadas por la luz solar; los tanques deben estar ventilados para alcanzar la temperatura correcta; propietarios mal orientados o descuidados a veces dejan crecer malezas dentro de los tanques, desplazando a las bacterias benignas que se alimentan de las dañinas, aumentando sin quererlo el riesgo de enfermedades. Y en el otro extremo del sistema, es muy difícil limpiar aquellos techos que son inaccesibles.

Pero estos problemas son superables y la mayoría de expertos tiende a pensar que la captura de agua en los techos tiene un papel ascendente para alejar a los pobres de los efectos del cambio climático. Ello, a pesar del hecho de que el descenso de las precipitaciones y el aumento de las estaciones secas podrían reducir su efectividad en muchos lugares.

Probablemente el cambio climático empeorará también otras opciones hídricas, al haber menos recarga de aguas subterráneas, lo que reducirá la capacidad de los pozos, y el aumento del nivel del mar echará a perder las fuentes de aguas costeras.

“Mi corazonada”, confiesa Martinson, “es que el cambio climático no ayudará (a que sean más eficaces las capturas en los techos). Pero tampoco ayudará a nada más; (lo que está en juego es) si la recolección de agua de lluvia se verá más o menos afectada (que otras fuentes de agua)”, precisa.

Ariyananda, sin embargo, está convencida del potencial de la captura en los techos.

“Es algo que deberíamos promover como adaptación al cambio climático”, subraya. “Se están previendo más lluvias, con una mayor intensidad, para periodos más cortos y grandes problemas con el agua. La recolección del agua de lluvia es la única solución”, puntualiza.

Pensar fuera del tanque

De hecho, algunos expertos creen que la recolección del agua de lluvia en los techos podría ser mucho más ambiciosa.

Rajendra Singh, un indio famoso por mejorar tecnologías ancestrales de recolección de agua en la árida región nordeste de Rajastán, en la India, señala que todos los edificios de la ciudad deberían recolectar agua.

Singh exhorta a Bangalore, Chennai, Hyderabad, Nueva Delhi, Kolkata, Mumbai y Pune, que padecen severa escasez de agua, a establecer la obligatoriedad de recolectar agua de lluvia en los techos de los edificios.

 

El agua en Chennai, India, ¿se podría desviar a tanques y acuíferos?

Flickr\Pandiyan

 

“Ello tendrá dos beneficios”, dice. “La capa freática en las ciudades se recargará, con lo cual la sobreexplotación habrá disminuido en cinco años”.

“El otro beneficio es aún más importante: estas ciudades tendrán que extraer menos agua de los ríos, lagos y otras fuentes naturales localizadas en zonas rurales, tierras forestales y lejos de la ciudad”, añade.

“Esto ayudará a los pobres, a quienes con frecuencia se les niega el recurso más vital para la vida, a cambio de abastecer a las zonas urbanas”, subraya.

Como un ejemplo de los beneficios potenciales, cita al centro de Tecnologías de Información de Bangalore, el principal del país. Recientemente desarrolló un plan maestro para 1279 Km2 de sus tierras, en los que se prevé que la recolección de agua de lluvia podría satisfacer el 25 por ciento de la demanda de agua de la ciudad.

Actualmente, en ciudades como Chennai y Mumbai es obligatorio que todas las nuevas construcciones grandes cuenten con instalaciones para recolectar agua de lluvia. Pero los edificios existentes están exonerados.

“Hay esfuerzos aislados”, señala Singh, “que no pueden hacer una diferencia perceptible”.

“La situación es precaria y necesita atención en todos los niveles posibles”, concluye.

Aisling Irwin es editora de noticias de SciDev.Net. Aditya Ghosh es una periodista independiente especializada en temas medioambientales, con sede en la India.